Participacion ciudadana y Nuevas Redes SocialesEsperar, promover, direccionar, analizar, evaluar o simplemente criticar la participación de “otros” es quizás un juego tan antiguo como el mismo juego del poder y el juego de la vida.
TODO/NADA
SIEMPRE/NUNCA
DISTINTO/IGUAL :
PARTICIPACIÓN CIUDADANA
Y NUEVAS REDES SOCIALES*
Heloisa Primavera**
Contenido
PARTICIPACIÓN REVISITADA: ¿ NUEVOS VINOS EN VIEJAS ODRES ?
VIEJOS FENÓMENOS Y NUEVOS OBSERVADORES: O TODA PARTICIPACIÓN PASADA FUE MEJOR...
LA ACCIÓN DE LA CIUDADANÍA EN BRASIL: “A CAMPANHA DO BETINHO”
DEL CLUB DEL TRUEQUE A LA RED GLOBAL EN ARGENTINA
DE ALIANZAS PARA VIVIR, ESTRATEGIAS PARA COMPRENDER Y TÁCTICAS PARA PROMOVER LA PARTICIPACIÓN
APROPIACIÓN MAS QUE DEBIDA DE PRINCIPIOS ÚTILES Y CRITERIOS COMPARTIDOS
Y PORQUE NO HAY DOS SIN TRES...
COMO VENCER AL PODER MÍTICO : DAVID Y GOLIAT VERSIÓN TERCER MILENIO
Bibliografía para arqueólogos
TODO/NADA
SIEMPRE/NUNCA
DISTINTO/IGUAL :
PARTICIPACIÓN CIUDADANA
Y NUEVAS REDES SOCIALES
Heloisa Primavera
Esperar, promover, direccionar, analizar, evaluar o simplemente criticar la participación de “otros” es quizás un juego tan antiguo como el mismo juego del poder y el juego de la vida. Por ello, es razonable que siga siendo un tema de interés permanente en las organizaciones, en general, y a la orden del día en las relaciones Estado / Mercado / sociedad civil. La mimesis social es un ingrediente indispensable como el agua que no se ve en el aire, aunque el cuerpo siempre sufre sus consecuencias. Como cada tiempo conlleva su moda, si ayer era el milagro de las redes sociales el que daría respuesta a la participación deseada por quienes se otorgan la tutela de las múltiples instancias de la organización social, en la ultima década han aparecido varios nuevos estratagemas: al Estado de malestar, jivarizado, desertor, estallado hay que compensarlo con la salvadora participación ciudadana, el rescate y la construcción de capital social, la ética y la transparencia en la gestión, para intentar reconstruir la confianza perdida en las instituciones. Con el agravante de que hoy estamos acompañados por tecnologías que no teníamos antes, como Internet y su familia operativa, los chips que invaden espacios insospechados y la biotecnología, y su participación debería poder operar los milagros necesarios. Pero, curiosamente, tenemos la sensación de estar yendo hacia atrás, en términos de las conquistas más elementales: las certidumbres básicas en relación al futuro, la posibilidad de vivir en un mundo donde todos coman, tengan vivienda y vayan a la escuela se van evaporando inexorablemente. El optimismo no abunda en las conversaciones de la calle, ni en palacio, ni en las mesas de directorio de las transnacionales. Su presencia ya suele ser identificada con la ingenuidad o ligereza. ¿No sería tiempo de probar caminos radicalmente distintos? ¿No estaremos - irresponsablemente - serruchando la débil rama sobre la que estamos sentados?
PARTICIPACIÓN REVISITADA: ¿ NUEVOS VINOS EN VIEJAS ODRES?
Probablemente la participación es un tema de interés permanente en cualquier actividad humana. Infeliz y principalmente, casi siempre es la participación “de otros” la que ocupa el centro de las preocupaciones de quienes escriben sobre ellas o toman decisiones. Cabría exceptuar a algunos definitivamente excluidos, por su biología o por nuestra incapacidad de hacernos cargo de horizontes que excedan a nuestro grupo primario, directo o aumentado. Es decir, de ir más allá de aquellos que incluyen a los que necesitamos que “participen” de alguna forma, para que nuestras acciones tengan sentido y podamos sostener al grupo primario y a nuestro narcisismo constitutivo básico: nuestros lectores, alumnos, clientes en fin.
Si hacemos foco en América Latina y nos ubicamos como ciudadanos que pagamos impuestos, directos e indirectos, además de decir cosas para otros que nos escuchan y nos sostienen en ese discurso, podemos acordar un diagnostico básico pobre en explicaciones pero rico en consenso en nuestros días:
“La globalización como fenómeno complejo, los organismos financieros multilaterales y las ineficientes dirigencias políticas locales afectaron a la región de forma tal que ya se hace urgente pensar nuevas estrategias de convivencia social: la seguridad es un problema, la exclusión es un problema, la brecha creciente entre ricos y pobres es un problema.”
Lo cierto es que, a la par de diagnósticos altamente consensuados acerca del fracaso de participación de los distintos actores sociales responsables por generar las mínimas condiciones de convivencia social, otros significantes han aparecido en el escenario discursivo y generado una gran variedad de mecanismos e iniciativas de participación. En la última década, ello ha ocurrido en ámbitos muy diversos, involucrando actores sociales también diversos: han surgido múltiples iniciativas de participación ciudadana sensu latu, pero también iniciativas focalizadas en el desarrollo del capital social, en la gestión con control social, en el presupuesto participativo, en la gestión asociada participativa Estado/sociedad civil, y hasta en la nueva responsabilidad social de las empresas. Miradas en conjunto, ellas pueden verse de dos formas distintas: como nuevas modas compensatorias o, en otro extremo, como un esfuerzo desesperado para que el sistema no estalle definitivamente. Todo depende del observador, diría Humberto Maturana (1984), o, sencillamente, del cristal con que se mira, si nos atenemos al tango. Hoy decimos que todo depende de la responsabilidad que el Observador se adjudica.
Pese a los esfuerzos hechos, pareciera que aun no estamos eficientemente articulados para producir los resultados deseados, ni para lo uno ni para lo otro. Las primeras preguntas que nos hacemos cuando constatamos la dificultad de replicar “modelos” de participación son:“Porqué, con demasiada frecuencia para nuestras necesidades, ejemplos de participación exitosa ocurren una sola vez? Porqué no es posible replicar ni sostener experiencias exitosas? Porqué una sola “Villa El Salvador?” una sola “Campana do Betinho?” y hasta una sola “Red Global del Trueque?” Qué ocurre de incomprensible o inconmensurable en esos casos, que resulta casi imposible reproducir tales iniciativas?” Por eso sólo, vale la pena volver a mirar experiencias que pueden ser inspiradoras para esa participación revisitada, más aun si les agregamos elementos de otros marcos teóricos y enfoques epistemológicos, que combinan en forma moderadamente innovadora datos empíricos con algunas aventuras interpretativas. Aunque puede sonar a más de lo mismo, los invitamos a correr el riesgo.
VIEJOS FENÓMENOS Y NUEVOS OBSERVADORES : O TODA PARTICIPACIÓN PASADA FUE MEJOR...
Como bióloga de formación, me es inevitable considerar desde esa perspectiva las distintas formas de asociación que la evolución ha producido en las formas que denominamos nuestras civilizaciones: mezclas raras de altruismo y egoísmo, que la Sociobiología de E.Wilson quiso pero no logró develar. Lo que ha variado en cada caso, según Darcy Ribeiro (1975) fue el contexto ideológico, tecnológico y de organización social que se generó, desde el que se partió o desde el que se observa con distintos propósitos: según él, esa tríada puede caracterizar una cultura y una civilización suficientemente bien para comprender sus procesos evolutivos, a la vez que apuntalar iniciativas de transformación social, si creemos que ellas pueden ser inducidas desde algún lugar.
A las formas heterogéneas, integradas por distintos actores sociales y destinadas a cumplir ciertos propósitos con mayor eficiencia que la institución que las preceden, cuando “exitosas”, se las denominó “redes sociales”. Eso pasó desde hace aproximadamente dos décadas, cuando la necesidad imperiosa de transformaciones desde la sociedad civil empezó a sentirse, marcando el fracaso definitivo del Estado de bienestar en poner limites al Mercado como regulador del orden social. Por supuesto, en acepciones de redes sociales tan laxas, entran desde las mafias hasta la lucha de clases y, en este sentido, una de las redes sociales más fuertes y efectivas puede ser considerada la de dominadores-hacia-dominados, que ha producido nada menos que esa humanidad que tenemos hoy y que logra crecer a ritmos vertiginosos en casi todo; inclusive en la aceleración de la exclusión de los que casi nada tienen, responsabilidad inevitable de los escasos contingentes que manejan la casi totalidad de los recursos disponibles de cualquier clase. Ocioso sería aquí traer cifras para ilustrar la situación.
Aunque puede parecer innecesario, queremos aclarar qué clase de observador somos: pertenecemos al grupo de intranquilos y obsesivos actores sociales de múltiple inserción institucional que tratan permanentemente de inventar modos de combatir la inequidad y la injusticia social en el aquí y ahora. Se trata de una posición costosa, no-azarosa, direccionada a encontrar y principalmente a poner en marcha formas exitosas de participación ciudadana en la amplia gama de procesos que tienden achicar la brecha entre las diferencias sociales heredadas que no dejan de crecer. Y no sólo a investigar “ex-post” sociológica, política o antropológicamente procesos de participación en si mismos: el presente y el futuro inmediato están en el centro de nuestras preocupaciones. Como tal posición conlleva sus preferencias a la práctica observatoria, buscaré también ubicarme periódicamente en posición de observador del observador para relativizar esa especie de investidura de “lectura privilegiada” que solemos tener los productores de discursos de las distintas especialidades. Como si lo que pensáramos, más o menos elaboradamente, tuviera algún parentesco con la verdad. No es así, al menos en intención: acordamos con Riedl cuando propone que “toda causalidad es mera superstición” . En otras palabras, como método de conservar intacto el compromiso de búsqueda de resultados, luego del placer de la estética discursiva, debo reconocer que no creo en forma muy estable en casi nada de lo que he escrito antes. Tengo algo así como el vicio o el rigor de preguntar periódicamente: “Quien habla ¿dónde está parado? A qué apunta? Qué ha logrado hasta el presente? Qué ha invertido para ello? Hacia dónde está yendo hoy?” a mi misma y a mis interlocutores; y con ello evitar el riesgo del auto-engaño fácil y de echarle siempre la culpa del caos a los organismos financieros multilaterales y/o a la dirigencia política ineficiente...
Hace ya más de diez años, he escrito un capítulo sobre participación y redes sociales en un libro que reunió las contribuciones dadas por una cincuentena autores a la temática de las redes sociales . El tema de la participación era central, constitutivo mismo de las redes sociales, protagonistas del Encuentro. En aquella oportunidad partí de la observación de dos espacios distintos de participación : una actividad docente y una organización barrial. En esta oportunidad, elegí partir de dos ejemplos de participación ciudadana, la que hoy está de moda en las iniciativas que aspiran a reparar lo que denominamos el Estado estallado: ellas son la Acción de la Ciudadanía en Brasil y las redes de trueque en Argentina.
Quienes hemos trabajado con grupos autogestivos en proyectos de desarrollo comunitario o de acciones sectoriales no podemos dejar de pensar en lo dificultoso que resulta casi siempre sostener la participación de los distintos actores sociales involucrados, una vez que decrecen las condiciones iniciales de entusiasmo, beligerancia, virulencia o simplemente interés de la mayoría de los participantes.
Se puede decir que, en general, cuando se pone en marcha un proyecto con altas bases de consenso entre los participantes, las cosas ocurren como en las relaciones de pareja: todo son flores, entusiasmo y participación en el primer momento, en la etapa de la pasión; luego viene la etapa de la rutina, la mujer con ruleros mirando la telenovela que emula lo que no fe, el hombre volviéndose panzón y pelado y, casi siempre, demasiados chicos alrededor pidiendo cosas inalcanzables...
Sobre cómo mantener la pasión y el compromiso se ha escrito mucho; se han producido multitudes de teorías y explicaciones, tanto en el campo específico de las relaciones de pareja, como en los análisis sobre el fenómeno de la participación popular / comunitaria o participación ciudadana, como se ha dado en nombrar en los últimos años, en el intento de verificar porqué se equivocan tanto los que debieran participar para que las cosas funcionen. Pero no. Se empecinan en no participar como debieran. ¿ O cómo quisiéramos?
LA ACCIÓN DE LA CIUDADANÍA EN BRASIL: “A CAMPANHA DO BETINHO”
La lenta transición hacia la democracia en América Latina tuvo ejemplos muy inspiradores de las posibilidades de procesos de auto-organización y participación popular, en los distintos países. El caso de la Acción de la Ciudadanía contra la miseria y el hambre, que se desarrollo en Brasil a partir de 1992 es revelador y arroja luces porque ya tenemos más de un ciclo de expansión, declinio y retomada de los procesos, hecho no siempre fácil, porque el interés de unos y otros suele decaer significativamente o desaparecer cuando el fenómeno deja de ser noticia (como el caso de los clubes de trueque en Argentina) o cuando el fenómeno está tan lejos, que la reconstrucción histórica permitirá, cuando mucho, comprender qué pasó, pero no corregir el rumbo del proceso en tiempo real.
Vale la pena recordar que Brasil fue pionero en la instalación de las dictaduras militares en la región, ubicándose el golpe que derrocó el gobierno democrático de Goulart en 1964. Le sucedieron varios gobiernos militares, hasta el fracaso político que no logró acompañar el “milagro económico” y llevó a una paulatina reinstalación de la democracia, con la elaboración de una nueva Constitución en 1988.
Así es como en el año 91, durante la gestión de Collor de Melo, encontramos a un nutrido grupo de personalidades académicas, del mundo de la cultura, militantes sindicales y de ONGs, investigadores y representantes de clase abocados a la tarea de reflexionar sobre cómo desarmar los circuitos de corrupción que atravesaban el sector público e impedían la deseada redistribución de los recursos apropiados por la fuerza durante casi dos décadas. Se crea entonces el Movimiento por la ética en la política, para pensar la situación y como una tentativa de sensibilizar a las mayorías para el fenómeno y pensar cursos de acción alternativos. Por supuesto, una de las intuiciones era que la mayoría de los brasileños no podía siquiera identificarse con los significados de esas palabras, juntas o por separado...
O sea, ese mero nombre condenaba a una participación de élites. El “movimiento” consistía entonces en una serie de encuentros y discusiones, puestas en común y diagnósticos, fáciles de alcanzar pero a la vez estériles y encerrados en su misma lógica de participación restringida. A principios de 1992, luego de un entuerto aparentemente familiar, frente a presiones y amenazas de su hermano para adquirir un canal de televisión en su provincia de origen, Collor invita a (su) “minha gente” a manifestarse públicamente en defensa de las instituciones, vistiendo el color blanco en el veraniego domingo que se acerca.
La sorpresa es que ocurre lo impensado: el país amanece con varias capitales desfilando el color negro, acompañado de negras “carapintadas”, para que no queden dudas acerca del mensaje, respondiendo en forma tan masiva y creciente, que sus “representantes” no pudieron más que tomar el guante e iniciar un proceso de investigación que terminaría con la destitución (“impeachment”) del Presidente de la República, en un hecho inédito en la región. Las manifestaciones se suceden y alimentan efusivamente la acción legislativa – normalmente de tiempos tan cansinos – que se logra la renuncia presidencial en un lapso de parto prematuro. Como la energía seguía en la calle, algunos integrantes del Movimiento por la ética en la política creyeron que era posible, ahora sí, canalizarla en algo concreto: y a uno de los protagonistas se le ocurrió que el hambre de millones de brasileños que están al margen de toda ciudadanía era un buen aglutinador...
Sin duda, la figura del sociólogo Herbert de Souza (1997), con su profundo carisma personal, fue un factor decisivo en la organización y lanzamiento de la Acción de la Ciudadanía contra la miseria y el hambre por la vida, muy pronto conocida como la Campanha de Betinho. Para lograr esa canalización, Souza desafía el sentido común acerca de las funciones del Estado en la política social e invierte algunos axiomas que todos sabemos que hacen agua cuando se transforman en política, pero que nadie elige tocar de frente: “El hambre de los brasileños es una cuestión de Estado y no de gobierno; es responsabilidad de la sociedad civil, que debe forzosamente transformarse en ciudadanía y no de un gobierno más. No es un Estado fuerte el que crea ciudadanía, sino una ciudadanía activa y responsable la que crea un Estado democrático!”
Facilitadas por la sensación de poder emanada de la victoria sobre la corrupción, las ideas se van amalgamando y la campaña prende! Siguiendo sus intuiciones casi anarquistas comparadas a las prácticas filo-leninistas de su mismo partido político, Betinho se opone a las reglas, a las jerarquías y descentraliza todo lo descentralizable: Comités de Ciudadanía son invitados a formarse y a operar autónomamente, por criterios definidos por cada grupo. Curiosamente, uno de los espacios institucionales donde la iniciativa se organizó con eficiencia y perduró significativamente, para sorpresa de muchos, fue el de los empleados del Banco del Brasil! Desde acá, se requiere, como mínimo, la teoría del caos para explicar el hecho.
Pero la consigna era clara: “Cada día tropezamos con muchos miserables; no podemos hacernos cargo de todos, el gobierno que tenemos hoy, tampoco; qué vamos a hacer? Por quién? De cuántos nos vamos a hacer cargo? ¿Cómo? ¿Cómo vamos a cambiar nuestras relaciones con el gobierno para que se haga cargo de ellos?” Una cartilla básica orientaba cómo formar comités autónomos, suprapartidarios, configurados a partir de criterios definidos únicamente por sus miembros, destinados a volcarse en tiempo real sobre grupos de personas concretas, independientemente de la forma y estilo de cada uno. Los ejes de la campaña se pueden resumir en: descentralización, iniciativas del grupo, alianzas con otros sectores sociales (“aparcerías”).
Se crearon Comités en todo Brasil, se hicieron novedosas alianzas entre Universidades, centros de investigación, empresas y organizaciones de la sociedad civil; se crearon infinidad de pequeñas organizaciones gracias a la posibilidad de compartir resultados e inspirar a otros. Si el primer año el lema fue “Comida para el hambre, trabajo para la miseria”, el segundo fue el de la generación de trabajo y renta, el tercero de lucha por la posesión de la tierra. Se organizaron “coordinaciones” locales, municipales, provinciales, para compartir experiencias, para articular las distintas esferas en eventos especiales de magnitud, como “Navidad sin hambre”. El primer período de F.H. Cardoso encuentra la Campaña en pleno desarrollo y crea (¿como respuesta? de un gobierno que parecía del mismo signo político) el Programa Comunidad Solidaria, a cuyo Consejo Asesor Betinho perteneció en los primeros tiempos. Posteriores divergencias y, posiblemente, su estado de salud ya precario (era hemofílico y, como sus hermanos, tenia SIDA contraído por transfusión sanguínea) hicieron que él se retirara y siguiera al frente de la Campanha. Su muerte, en 1997, dejó huérfano a un movimiento que empezaba a caminar.
Se cuentan en miles los Comités de Ciudadanía los que se formaron en los primeros años y en varios millones de personas las que se movilizaron alrededor del mensaje de responsabilidad social, no solo por el hambre, sino como quería la campaña, para erradicar la miseria y proponer condiciones de vida digna para todos los brasileños. Sus epigénesis existen, sin duda, sus huellas están muy claras en la forma “responsable” de pensar las mismas organizaciones de la sociedad civil de la última década. No es raro encontrar hoy pequeñas organizaciones de la sociedad civil que llevan el nombre de Betinho. Entre las lecciones quedaron , no hay duda, valiosas reflexiones sobre el papel crucial de los medios masivos de comunicación, la multiplicidad de alianzas posibles, entre pares y con distintos actores sociales, la capacidad de despliegue creativo de los grupos a lo largo y lo ancho del país. Pero la llamarada pasó. Nadie lo discute. El momentum pasó.
Algo se nos escapa, casi siempre, que no logramos reproducir la participación que necesitamos.
Doce años después, el Programa Fome Zero (Hambre Cero) del gobierno Lula intenta, con la misma mística y con varios colaboradores de la primera hora, intenta reeditar el fenómeno de la Campaña en sus primeros tiempos, pero aparentemente, no hace mas que provocar la ira de los sectores no partidarios que creyeron que las transformaciones serian mas rápidas, o de aquellos del mismo partido político que creyeron que las “señales” serian más estructurales y no continuarían simplemente la política económica que le criticaban a la gestión anterior.
En otras palabras, la participación – una vez más – no es la esperada, ni la de los sectores populares que no parecen interesados en cultivar tal “participación ciudadana”, ni la del gobierno, que parece no advertir la contradicción entre reclamar participación ciudadana para pagar una deuda externa ilegitima para muchos de los aspirantes a tal condición... Quedan para la reflexión, entre tantas, preguntas relevantes para el futuro como:
“La desaparición de Betinho alteró definitivamente el curso del movimiento?”
“La ausencia de “herederos” hizo vulnerable al movimiento?”
“La energía de la gente cuando no está organizada en torno a compromisos más profundos es efímera y dura lo que dura el habitual “entusiasmo colectivo” construido en los recitales masivos de celebridades para “amortizar” el costo del ingreso” ?
“La institucionalización, por un lado mata la libertad y la creatividad, pero por otro crea una pertenencia en plano simbólico que permite hacer sustentables ciertos vínculos y prácticas?”
“La herencia de la Campaña está en estos momentos en etapa de hibernación y el Programa Hambre Cero no logró (aun) capturar el deseo / compromiso de los Comités de Ciudadanía?”
...?
DEL CLUB DEL TRUEQUE A LA RED GLOBAL EN ARGENTINA
El primer club de trueque en Argentina se creó en 1995 y durante más seis años se desarrollaron iniciativas que, enlazadas, formaron redes de trueque en todas las provincias del país, además de la expansión a otros países de la región. Hasta hace dos años, existían más de cinco mil clubes y redes de clubes de trueque muy activos, en los que los ingresos mensuales de muchísimas familias se incrementaban en forma significativa, impregnados del paradigma de la abundancia, auto-organizados, expansivos, diferentes y respetuosos entre ellos. Las cifras hablan por si solas: las veintitrés personas iniciales pasaron a más de dos millones en poco más de seis años. De repente, el “crédito”- instrumento de intercambio usado en las redes - deja de tener crédito y sobreviene el colapso!
¿Qué pasó? ¿ Qué rol jugaron los distintos actores sociales en el proceso? ¿Qué podemos hacer con lo que queda?
Este es un cuento. Una explicación bastante simple, pero que parte de ciertas preguntas de base, que orienta luego a cierta clase de acciones posteriores, como por ejemplo, publicar la “curiosidad” un poco mas allá de lo que hizo la prensa oportunista, presentar un informe para una asignatura que estoy cursando, una tesis de licenciatura o maestría... ¿ Todo depende del cristal con que se mira? O sea, si aceptamos que no vemos con los sentidos, sino con las distinciones que tenemos de antemano para interpretar el fenómeno, podemos comprender la clase de consecuencia que tiene cada actitud de observación .
La razón por la que dejo aquí esta explicación, aparentemente tan ingenua, es porque, entre el casi centenar de investigadores, activistas, periodistas, políticos de carrera, militantes, titulares de ONGs, de Argentina y otros países (Brasil, Chile, Uruguay, Paraguay, Ecuador, Colombia, México, Canada, Estados Unidos, Perú, Francia, Dinamarca, Inglaterra, Italia, Alemania, Bélgica, Holanda, Japón, Tailandia, Indonesia) de todas partes del mundo, que se interesaron por el fenómeno y que me entrevistaron personalmente, raramente alguno trascendió ese estado de ingenuidad epistemológica. Inclusive en obras que se consideran de referencia. Vale resaltar la excepción de Powell, que estudió las redes de trueque en el año 2001, antes de la catástrofe de Diciembre y meses siguientes.
A los efectos de acceder a una segunda comprensión, proponemos relevante analizar el fenómeno del “crédito” como organizador de las redes de trueque en Argentina, es decir, como organizador de la participación, observando las distintas formas asociativas de partida y generadas, el rol de los distintos actores sociales y la incorporación de aliados a lo largo del tiempo.
Para ello, proponemos ampliar mínimamente nuestras preguntas a:
¿Qué pasó? ¿ Qué rol jugaron los distintos actores sociales en el proceso? : los académicos, las dirigencias políticas, la prensa, las organizaciones de la sociedad civil ? ¿Qué hicimos para que no pasara? ¿Qué podemos hacer hoy para que no pase donde aun no pasó?
¿Qué nuevos caminos son posibles hoy si queremos rescatar ese instrumento que parecía dar una respuesta inédita a la crisis del empleo y al fenómeno de la exclusión?
Para contestarlas, no alcanza con visitar (lo que queda de) algunos nodos, ni organizar eventos donde algunos “representantes” discutan cosas que no se pueden probar. O que ya no tienen sentido. Honestamente, para no pecar de inmodestia debo reconocer que no sé qué hace falta. Pero sabemos todos que lo que se ha hecho no alcanza. ¿Para qué? No para saber que ya no es posible acoplarse a un proceso exitoso y sacar réditos acoplando el milagro que hicieron los vecinos a nuestros planes casi siempre en vías de fracaso. Pero, mucho mas fácil, para comprender qué pasó, cómo pasó, qué mecanismos simbólicos desencadenó, para ver si dejamos de copiar los modelos de participación que no se vuelven a reproducir porque nadie los comprende.
Quiero retomar aquí un ejemplo referido por Clifford Geertz (1973) en el primer capitulo de La Interpretación de las culturas, donde a propósito de la “descripción densa”, cita a Gilbert Ryle que la diferencia de la “descripción superficial”, de la que infelizmente no logran escaparse los estudiosos del trueque como fenómeno complejo: confundir un simple parpadeo, con un tic, un guiño o una imitación irónica de él. Parecen lo mismo, si lo fotografiamos en un momento dado; pero sabemos que no lo son. Es lo que vienen haciendo los estudios apurados y parciales sobre las redes del trueque que vienen, miran y se van; o discuten y se van... Sin la pretensión de haber podido aun acercarme a una (valiosa) descripción densa de ese objeto de estudio que es también objeto de mi pasión y hoy constitutivo de mis estrategias para caminar la Utopía, diría que se puede caracterizar su evolución en al menos seis etapas (Primavera, 2002), tan sólo considerando la operatoria del instrumento de intercambio utilizado en ellas, las modalidades organizativas y la presencia del Estado:
1. Entre mayo de 1995 – septiembre 1996: pocos clubes, sistemas de contabilidad variados: planillas, libretas centrales / tarjetas individuales, vale nominal intransferible, vale transferible: el primer “bono” o paramoneda (Blanc, 2000).
2. Entre 1996 – mayo 1997: multiplicidad de bonos de intercambio, los medios de comunicación masiva se interesan en el fenómeno, gestión descentralizada de los clubes, algunas tensiones entre los grupos, principalmente en la región metropolitana; se puede considerar que empieza a nacer la Red del Trueque, más allá de los clubes aislados y autónomos.
3. Entre mayo 1997 – julio1999 se produce la organización de las zonas, a nivel del área metropolitana de Buenos Aires y se inicia la organización en el interior del país; luchas por la hegemonía del control de los bonos en las reuniones mensuales de “coordinación” de las zonas.
4. En el período julio 1999 – diciembre 2000 se producen dos eventos fundamentales: la refundación de La Bernalesa, como una megaferia en la que se empieza a manejar dinero en la entrada y enseguida la venta de paquetes de “dinero social”; se firma el Convenio con la SEPYME (Secretaría de la Pequeña y Mediana Empresa) del Ministerio de Economía de la Nación. Para que el grupo fundador capacite a los capacitadores para todo el país... en la tentativa de organizar la economía informal.
5. Entre enero 2001 – abril 2002 se produce un crecimiento explosivo – un desborde controlado - fuertemente apoyado por los medios y el supuesto derecho exclusivo a “franquiciar” el modelo defendido por el grupo fundador: la red se escinde claramente en dos modelos mayoritarios: Red Global de Trueque (RGT) y Red de Trueque Solidario (RTS).
6. Entre abril 2002 – diciembre 2002: junto con la crisis económica, política y social del país, las redes sufren el impacto de su propia crisis: sobre-emisión, venta indiscriminada “ad libitum” y, finalmente, falsificaciones de los bonos del grupo fundador, conocidos como “arbolitos” (por el diseño del bono que lleva un ombú en su cara principal), ganan la calle en una proporción que provoca el estallido del sistema: prácticamente un 80 a 90% del sistema deja de funcionar en pocos meses, en casi todas las latitudes del país. Aunque no hay cifras globales, porque el fenómeno fue eminentemente auto-organizado, hubo varias estimativas que extrapolaban cifras nacionales; una de ellas fue una encuesta de la Agencia Gallup en la cual 60% de la población entrevistada en un muestreo de todas las regiones del país declaraba que “pensar practicar el trueque con “créditos” en los próximos 3 meses. Datos combinados de varias redes permiten pensar en una población total de no menos de dos millones de participantes estables y seis millones de participantes “ocasionales” en la totalidad del sistema disperso.
7. Entre enero 2003 – Agosto 2004: los “créditos” del “Banco Central” de La Bernalesa son reemplazados por nuevos, con un sistema de ajuste que pretende simular una “oxidación” de su “moneda social”: esa devaluación alcanza en la mayoría de los casos a un 50 a 70% de los “ahorros” acumulados por los incautos, ingenuos y expertos en el sistema (viejo como el mundo) de obtener dinero sin trabajar. La prensa recoge el fenómeno con un superficial “la clase media abandonó el trueque” que no refleja ni cuantitativa ni cualitativamente la complejidad del fenómeno. Los investigadores y curiosos siguen llegando para estudiar “la Red Global del Trueque” creyendo que ella aun existe y cubre toda la extensión del territorio. Como “monadnoks” que reflejan su presencia arqueológica, remanecientes del apogeo permanecen aquí y allá. El grupo fundador, alguna vez titular de varios miles de clubes en el país, muestra como recuperación de la propuesta original – la verdadera, la de la “franquicia social” – la existencia (en Internet) de unos cincuenta grupos, principalmente en la zonas Sur y Oeste del Gran Buenos Aires. En todo el país la situación es muy variable y esta estrictamente vinculada al tipo de convivencia que se logro antes de la crisis: si ella fue suficiente para aglutinar los deseos y la comprensión del fenómeno, subsisten en forma casi hibernal. Otras iniciativas se mantienen y algunas, curiosamente, crecen. Para mostrar que las cosas nunca son tan fáciles de comprender . Por suerte, las investigaciones siguen estudiando el fenómeno y es posible que entre tantas, alguna comprensión más profunda se pueda lograr.
A esta primera descripción “menos superficial” le podrían seguir otras, que no vienen al caso incluir en ese acercamiento al fenómeno de la participación ciudadana, pero no hay duda de que esa masiva participación abriga al menos dos fases: una de auto-organización y otra de liberación a las simples leyes de mercado, en ese caso, del mercado de dinero. Lo que no es poco. De acuerdo a nuestras investigaciones, para una mejor comprensión del origen y caída de las redes de trueque en Argentina, es relevante agregar a la faz interpretativa dos aportes conceptuales fundamentales:
* La atractiva interpretación junguiana hecha por Bernard Lietaer (2001) , según la cual la fundación misma de la ciencia económica se hizo desde el paradigma de la escasez vigente desde hace algunos miles de años. Finalmente, esa es la función de un paradigma: definir qué es pensable, que no lo es. Adam Smith “vio” lo que podía ver: escasez de recursos en relación a necesidades crecientes y esa interpretación no ha sido desafiada desde entonces más que por un reducido grupo de pensadores, entre los cuales de encuentran algunos más populares como E.F.Schumacher y Hazel Henderson, pero también Silvio Gesell (1916), cuya teoría sobre “libre tierra y libre moneda” preanunciaba la posibilidad de corregir los defectos del mercado con monedas complementarias y un sistema de “demarraje” que penalizara la acumulación del dinero, especialmente útil en épocas de crisis. La experiencia de Wörgl, pueblito austriaco que lo puso en práctica en los años treinta es el clásico citado por los que quieren fundar que es posible y se hizo alguna vez. Pero la obra de Lietaer avanza en ese sentido y descubre muchas variantes de la combinación yin /yang entre moneda local y moneda nacional a lo largo de las civilizaciones, antiguas y contemporáneas. Las monedas locales (yin), entre las cuales se encuentran las distintas versiones del “crédito” de las redes de trueque modelo argentino, tendrían como posibilidad dar expresión al (perdido) paradigma de la abundancia de la generosa Madre Tierra, nuestra Pachamama, reinstalando la cooperación, la equidad y el pluralismo de las economías apoyadas en monedas locales, en oposición a las monedas nacionales (yang) gestionadas dentro de la lógica del paradigma de la escasez, cuyas herramientas son la competitividad, la avaricia, la voracidad y la acumulación tan constitutivas de la globalización económica. Vale resaltar que, dentro de esta interpretación, las redes de trueque argentinas explotaron cuando, luego de la crisis de diciembre de 2001, el sistema volvió a apelar al paradigma de la escasez (para las mayorías) y de la acumulación para los que se dedicaron a “vender” el dinero abundante del sistema original. Pese a que la prensa y las investigaciones superficiales atribuyen la caída del sistema a las falsificaciones de los bonos de intercambio (explicación favorable al “directorio del Banco Central”) cualquier “prosumidor” del sistema sabe que la desviación inicial que se multiplicó exponencialmente se dio a partir de la retomada del control de emisión por un solo grupo, el grupo fundador, lo que provocó lo que todos conocemos en el sistema formal. Si las redes de trueque hubiesen seguido esa lógica, los “prosumidores” probablemente estarían hoy organizados en piquetes para recuperar el derecho de emisión de “su” moneda... o más planes sociales en “créditos” del trueque.
* Por otro lado, tenemos la simple, geométrica y a la vez magistral interpretación de Margrit Kennedy que va en otra dirección y - mujer, al fin – trasciende la explicación tranquilizante y avanza hacia respuestas posibles de cómo corregir los desequilibrios del mercado neoliberal a partir de la inclusión poco violenta (porque de mayor viabilidad política) de monedas complementarias. Para esa autora, arquitecta y urbanista de opción ecologista social la inadaptación del actual sistema financiero deviene de la naturaleza del mecanismo del interés bancario y el interés compuesto que se comporta en forma exponencial, mientras los demás procesos de crecimiento se producen en forma lineal o de aceleración, meseta y declinio. Su obra fundamental en esas investigaciones data de 1995 y fue publicada entre nosotros en 1998: Dinero sin inflación ni tasas de interés. Cómo crear un medio de intercambio que sirva a todo el mundo y proteja la Tierra. Conocemos la resistencia que el establishment de la academia le ofrece a semejantes títulos e iniciativas, pero nuestro origen de bióloga reciclada en antropóloga nos permite acercarnos placenteramente a esas incursiones al margen del paradigma dominante y sacarle provecho para nuestros proyectos y aventuras éticas.
El encuentro de Kennedy y Lietaer a partir de 2001 genero una obra conjunta donde, Yin y Yang, se ponen de acuerdo para pensar una moneda complementaria regional que ayude a Europa a integrar sus hermanos subdesarrollados. La obra recientemente publicada da testimonio de ello: Monedas regionales. Nuevos caminos para el desarrollo sustentable (Regional-währungen. Neue Wege zu nachhaltigen Wohlstand) y rescata, además de la multiplicidad y variedad de iniciativas de monedas complementarias en el mundo, ejemplos contemporáneos de Bancos que hacen préstamos sin interés como son el JAK Bank de Dinamarca y Suecia
Si el Norte, finalmente, empieza a vivir en carne propia la necesidad y la posibilidad de quebrar el sistema financiero sin demasiados estruendos, como lo hicieron en algún momento nuestros “bonos provinciales” (ejemplo de participación institucional aggiornada en resistencia al poder central, tanto en el plano financiero internacional y como en el plano político nacional) y las redes de trueque como ejemplo de participación ciudadana, valga recordar, puede ser que se rompa la escasez de participación y el debate sobre la deuda externa conduzca a la histórica deuda ecológica, en vez de seguir esa historia sinfín de reclamos sobre una deuda financiera que, aunque ajena, ya pagamos varias veces... los protagonistas de la participación ciudadana. Vaya si ella existe!
Dejamos por aquí estas reflexiones, para acercarnos a la posibilidad de sugerir hacia donde pueden llevarnos descripciones algo más densas de nuestras hazañas populares, como son el club del trueque, el cacerolazo, las asambleas populares y, mal que le pese a algunos, los mismos piqueteros... Como brasileña de origen, me gusta interpretar así a esa Argentina que adopté voluntariamente como patria, como el país de la creatividad y de la intensidad Es probable que esta interpretación no agrade al rigor de la academia, pero no pierdo la esperanza de provocar alguna picazón en esa institución que ha dejado huérfana a su misión histórica en nuestros tiempos trágicos.
DE ALIANZAS PARA VIVIR, ESTRATEGIAS PARA COMPRENDER Y TÁCTICAS PARA LA PROMOVER LA PARTICIPACIÓN
El compromiso de no incursionar más de lo necesario en terrenos teóricos, me invita a repasar muy brevemente - a la usanza de Haeckel, biólogo sajón para quien la ontogenia recapitula la filogenia - algunas historias que me han acompañado en la construcción de este observatorio que ocupo hoy. Para ello, me resulta imprescindible recordar que la tentación de la certidumbre, que padecemos al menos los seres condenados a la posmodernidad, puede ser asociada a la no menos omnipresente necesidad de alguna clase de Dios, materia o leyes científicas universales, que se expresa en las múltiples manifestaciones de exigencias de que la realidad sea una, simple, inmutable, cierta...
"La fe con que nos afiliamos a cierto sistema de creencias y rechazamos la duda es el suelo sobre el cual operan luego los modelos racionales de explicación que hacen surgir la realidad como auténtica e irrefutable", en la comprensión de Humberto Maturana y Francisco Varela. Desconocemos la existencia de sociedades que hayan elegido vivir en el desorden: nadie admite la desorganización como elemento constitutivo del ordenamiento social, valga el símil de pleonasmo. Así podemos comprender como los distintos dioses, las causas primeras, la materia o las leyes universales no han hecho más que atestiguar la armonía de la naturaleza, la omnipotencia de lo trascendente o la existencia autónoma de las fuerzas naturales.
Si entendemos al orden como metáfora, podemos atribuirle, cuando menos, la posibilidad nada desdeñable de formular el futuro: si no se pudieran prever las distintas actividades que nos atraviesan, si un proyecto poseyera permanentemente las cualidades del acaso, si en nuestros movimientos se entrometiera siempre el azar, la inseguridad colmaría nuestra existencia, acostumbrada a la problemática fidelidad de la ciencia meteorológica.
Del orden a la previsibilidad y a la posibilidad de conocer el mundo, la objetividad ha estado durante algunos siglos como piedra angular del conocimiento. Desde distintas ramas de nuestro saber occidental cristiano, el concepto de objetividad en el proceso del conocimiento se ha sostenido sobre un trípode integrado por :
. la explicación monoteísta, según la cual existe una sóla verdad, que, además, se puede conocer;
. la omnipotencia de la causa, equivalente a la aceptación de la relación necesaria y pre-existente entre causa y efecto como garante suficiente del conocimiento y
. la disyunción sujeto/objeto, según la cual el sujeto conoce lo que no se confunde con él, algo que está "afuera" de él, constituido previa e independientemente de él.
Ahora que en el texto hemos perdido la virginidad, en cuando a resguardar los nombres de aquellos autores que han estado corporeizados en las construcciones meta-empíricas que hemos presentado hasta aquí, salimos de la Biología y la Biología del Conocimiento y, desde la Filosofía nos apoyamos en el segundo Wittgenstein como aquel que, en nuestros días, empieza a concebir el lenguaje como una operación exclusivamente mental, constitutivamente imposibilitada de representar alguna realidad "objetiva". Al contrario, la misma operación lingüística es la que está sustentada por un sistema de signos que permite codificar/ decodificar y operar en su interior, y no por la naturaleza "real" de las formas sobre las cuales opera. Este autor plantea de modo contundente la coherencia interna del lenguaje como un juego en constante autoproducción y cuya clave es el uso que se hace de las reglamentaciones, que poseen, a su vez, sólo valor de convenciones aceptadas por seres humanos y nunca valor esencial alguno. A partir de ahí ¿hacia dónde podría desplazarse la hasta entonces poco cuestionada objetividad?
En realidad, si aceptamos remitirnos a un grosero compactado de las teorías del conocimiento, podemos constatar que la objetividad con la que se describe una realidad externa, ordenada y necesaria, construida por una matriz causal que determina las intenciones humanas - y no al revés - está en jaque desde hace rato y desde distintos lugares. Pero curiosamente, el operativo definitivo se ubicó, antes que en otros sitios previsiblemente más aptos, en las ciencias más "duras", más precisamente desde la Física, con la Mecánica Cuántica de Heisenberg. Si al evento concurren, entonces, representantes de la filosofía más lúcida de nuestro siglo y la constelación de distintas especialidades integradas por figuras de la talla de Jean Piaget, Gregory Bateson, Paul Watzlawick, Heinz von Foerster, Humberto Maturana y Francisco Varela, el postulado de objetividad como condición del proceso del conocimiento se diluye en una suerte de acuerdo consensual de supervivencia restringido a espacios de inscripciones literarias altamente especializadas : seguramente, como en otros ámbitos, hay quienes tienen necesidad de y ventajas en mantenerlo. Y poder para hacerlo.
Y también hay quienes no: entre ellos pueden ubicarse los defensores de los nuevos paradigmas, constructivistas, radicales o liberales, construccionistas a secas o construccionistas sociales. La serie puede empezar en el anticuario con Protágoras o, si queremos guardar coherencia con el uso del término, con el mismo Piaget y luego, además de los nombrados en el párrafo anterior, incluir al menos a Heinz Von Foerster, Ernest Von Glaserfeld, Fernando Flores, Mary y Kenneth Gergen, Barnett Pearce, Michael White, Harry Goolishian, Harlene Andersen, Tom Andersen, Carlos Sluzki, Sara Cobb. Curiosos, voraces o nostálgicos pueden encontrar en La realidad emergente, de Walter Truett Andersen, una interesante reconstrucción genealógica en la que muestra cómo, y ensaya algunos porqués, en el umbral del tercer milenio la realidad ya no es la que era... A los que aun añoran la hegemonía del discurso científico y están ansiosos por conocer el impacto de esas corrientes, señalamos que hay para entretenerse en la obra colectiva con Piscitelli (Ciencia en Acción: la construcción social de los hechos científicos), donde el discurso científico es invitado a reconocer su esencia retórica.
Si bien el término ha sido suficientemente utilizado y desgastado, si a paradigma le adscribimos el significado acuñado por T.Kuhn, podemos aceptar al constructivismo como el paradigma emergente de este final de siglo. Más allá de la discusión acerca de su carácter joven, revolucionario o emergente - ociosa en este contexto - es posible constatar el impacto creciente de esa tercera posición superadora de la antinomia objetivismo / solipsismo recorriendo los anaqueles de librerías, congresos y demás eventos del mundo académico y profesional, ofertas de posgrado y especialización, locales y en el extranjero. La "movida" constructivista ha alcanzado a un amplio espectro del saber y del hacer contemporáneos: testimonios abundan en la compilación acerca de Nuevos paradigmas, cultura y subjetividad emprendida por D. Fried Schnitman. La arquitectura y la terapia familiar, la sociología de las organizaciones y las teorías del management, pero también la física y la bioquímica, y la biología en un ancho espectro que abarca desde la fisiología de la percepción hasta la inmunología molecular, testimonian los vientos nuevos de estas corrientes y en otros capítulos de esta misma obra, el tema se encuentra fecunda y seriamente tratado por expertos, por lo cual lo mejor, aquí, es callar. Y seguir.
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